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Dolomismo guided adventures in nature
Día 0 (21-08-2010). Hay una cierta sensación de déjà vu cuando, como hace casi exactamente cuatro años, recogemos una mochila de barrancos de las cintas del aeropuerto de Bergamo, la apilamos sobre el resto de nuestro equipaje y Pilar, Alicia y un servidor salimos de la sala para reunirnos con Santi y la furgoneta blanca de Dolomismo. Como la otra vez, estamos de nuevo en Orio al Serio para un viaje de barranquismo. Cuatro años antes, íbamos a Eslovenia. Hoy, nos dirigimos a Breil-sur-Roya, en Francia, pero cerca de la frontera italiana. Así, a pesar de encontrar tráfico denso del fin de semana, hemos acabado de descargar e instalarnos en un agradable apartamento al ponerse el sol.
Estamos en los Alpes Marítimos. Para los no-barranquistas, son básicamente las montañas que se ven al mirar tierra adentro desde Niza, Cannes, Monte Carlo o lugares menos famosos de la Costa Azul. Para los barranquistas, llevan décadas siendo una reputada zona por cantidad y calidad y el área alberga algunos descensos considerados clásicos europeos. Iba siendo hora de que los explorásemos.

Día I (22-08-2010). Vallon de la Carleva. Tiempo soleado y estupendo. Empezamos a andar en el mismo Breil-sur-Roya lo bastante temprano (por poco) como para que durante las dos horas de subida al sol por la orilla derecha del barranco no haga todavía demasiado calor. El Carleva resulta ser un barranco no muy profundo de agua muy limpia, roca caliza que no resbala, agradables orillas boscosas y una serie de lugares muy hermosos separados por tramos abiertos menos interesantes. No hay cascadas altas, ni saltos o toboganes espectaculares, pero de vuelta en Breil, alrededor de unos bocadillos y unas cervezas todos coincidimos en que, en conjunto, ha sido una gran manera de pasar el día.

Día II (23-08-2010). Torrente Ceva. Tiempo magnífico otra vez y, tras un corto trayecto en coche Roya arriba y una corta, aunque no muy clara, aproximación, nos ponemos los neoprenos y entramos al agua. El Ceva es abierto, abundante en piedras sueltas y bloques, con alguna que otra presa de troncos y corre no sobre la caliza típica de la zona, sino sobre gneis resbaladizo. La mayoría del descenso (2½ horas) consiste en resaltes bajos que en general destrepamos, pero hay también algunos rápeles bonitos, en especial el más largo, de algo más de 40 m. Además, el Ceva se puede combinar con facilidad con otros descensos cercanos para un día de barranquismo más completo. Y eso es lo que hacemos.
Rio Barbaira. Cruzamos la frontera de vuelta a Italia y llegamos al pintoresco pueblecito de Rochetta Nervina. Allí comemos unos panini y, tras comprar nuestras entradas para el barranco, echamos andar por el vecino Rio Barbaira arriba. Es la segunda vez que tenemos que pagar por bajar un cañón (la otra fue el Suçek en Eslovenia). Aquí, al menos, los 4€ te permiten usar unas cabinas como vestuario, duchas y unas pilas para lavar el material.
El Barbaira vale el precio del ticket. El agua es espectacular, quizá la más clara que hayamos visto en un barranco, y no está nada fría, así que Pilar y yo bajamos sin la un tanto constringente chaqueta de neopreno. Para mayor comodidad, la roca es de nuevo caliza de buen agarre. Pero, sobre todo, el Barbaira muestra un curso bien excavado donde rápeles, saltos y toboganes se suceden casi sin interrupciones. Ninguno es particularmente complicado (con este caudal), pero la mayoría se enclavan en lugares especialmente bonitos y/o son muy divertidos. Por tanto, es un equipo feliz el que unas horas después de vuelta en Rochetta Nervina se reúne alrededor de unas cervezas de celebración.
De camino a casa, paramos en la estación de tren de Ventimiglia para recoger a Annabella que llega en tren. Más tarde esa noche, Dani llega a Breil tras conducir desde los Pirineos y así el equipo se completa, dispone de dos vehículos para combinaciones y está listo para más.

Día III (24-08-2010). Clue de la Maglia. Hace otro día precioso mientras conducimos Roya arriba hasta donde el Maglia se le une. Dejamos un coche aquí y continuamos subiendo ahora por la orilla derecha del Maglia. Pronto, vemos nuestro cañón serpenteando allá abajo en el fondo de su estrecho valle. En cierto momento, cruzamos el Morghé, un afluente del Maglia, justo donde suele comenzarse su descenso y aquí escondemos las cuerdas más largas que necesitaremos para ello (pero no para el Maglia) y algo de comida. Hoy vamos a combinar dos barrancos en un sentido muy literal. Al poco, aparcamos el segundo vehículo y un corto paseo nos deja en el Maglia. El Maglia es, quizás, el cañón más famoso y mejor valorado de los Alpes Marítimos y pronto prueba que se merece la reputación. El agua es cristalina, casi inmediatamente el barranco excava un elegante estrecho en la caliza (no resbaladiza) y comienza una sucesión de saltos, rápeles, pasillos inundados y toboganes (uno de ellos de 11m). Algunos puntos podrían volverse “técnicos” con caudales más altos, pero con el agua que corre hoy nada presenta especial riesgo y nos podemos concentrar en disfrutar los lugares y momentos. Poco después del lugar donde el Morghé se une al Maglia, llegamos a uno de los mayores atractivos del descenso. El Maglia corre a través de una cueva y, siguiendo al agua, nosotros descendemos a la oscuridad rapelando una rampa. Unas pocas brazadas de natación nos llevan al centro de una sala subterránea de considerable tamaño. El agua gotea de miles de elegantes formaciones de caliza en las paredes y el techo, cada gota brillando en la luz que entra por la boca de la caverna. Es ciertamente un gran sitio.
Con alguna reluctancia, continuamos y pronto encontramos la cabecera del sendero que lleva al inicio del Morghé, algo más de 200 m por encima de nosotros. Nos quitamos los neoprenos y comenzamos a trepar por el inclinado camino.
Vallon de Morghé. Encontramos la comida y las cuerdas donde las dejamos y tras tomar un bocado rápido, nos equipamos de nuevo y entramos al Morghé. El contraste con el Maglia es acusado. En esencia, el Morghé es un arroyo que en su camino hacia el curso principal ha tallado un arañazo lo bastante profundo para que nosotros lo sigamos en la roca de la muy empinada ladera derecha del valle del Maglia. En consecuencia, este es un barranco de verticales, con más roca que agua y su descenso es sobre todo una serie de rápeles en general elegantes y bien formados (algunos con reuniones aéreas en sus cabeceras). El ambiente es magnífico, con fantásticas vistas sobre el valle del Maglia, cuyo fondo alcanzamos tras 1½ horas y un poco por encima de la cueva.
Esta vez, pasamos la cueva de otra manera y entramos en ella mediante un rápel volado a través de un agujero en su techo. Esta es también una bonita manera de hacerlo que proporciona vistas muy cercanas de las formaciones de roca y nos felicitamos de que combinar Maglia y Morghé de este modo nos permita experimentar ambas en el mismo día. Continuamos Maglia abajo hasta que empieza a abrirse y entonces tomamos un camino en su orilla izquierda que nos lleva hasta el primer coche. Ha sido un gran día.

Día IV (25-08-2010). Rio Bandia. Nuestra suerte se mantiene y de nuevo hace un tiempo estupendo. Pensamos que ya hemos bajado todos los barrancos realmente interesantes cerca de Breil. Por tanto, antes de cambiar nuestro campo base esta noche, hoy tenemos un rato de coche. Hemos decidido volver a Italia, al Rio Bandia. Además del país, también cambia drásticamente nuestro entorno: del bosque mediterráneo de los días previos a un típico paisaje montano. Así, tras aparcar la furgoneta y empaquetar, comenzamos a andar entre bosques de coníferas y prados alpinos y, un poco más lejos, podemos ver picos altos con nieve en sus laderas. Sin embargo, no hemos salido del Pays d’Oc y los postes indicadores todavía muestran las direcciones escritas en occitano, aquí al lado del italiano en lugar del francés.
Durante cosa de 1½ horas, la caminata hasta el principio del descenso (a 1800 m snm) nos proporciona buenas vistas de un hermoso paisaje alpino. La mayor parte transcurre sobre un camino amplio y confortable, pero en su momento lo dejamos para continuar por senderos progresivamente más estrechos y menos marcados y, después, a través de prados empinados donde las marmotas corren a esconderse cuando nos acercamos. Un halcón nos sobrevuela y el lugar parece solitario y poco visitado.
Más contrastes una vez en el Bandia. El agua está bastante más fría y, aunque limpia, no tiene la transparencia cristalina de algunos cañones previos. Algo natural y no señal de problemas, creo, ya que el Bandia corre entre prados por aquí y, además, parte de su caudal puede que aún provenga de neveros.
Comenzamos a bajar un torrente de montaña bastante abierto, pero el Bandia rápidamente ahonda en la caliza tallando un cauce bastante excavado mientras recibe agua de algunos arroyuelos afluentes. El descenso consiste sobre todo en salvar cascadas, casi siempre mediante rápeles. El emplazamiento de los anclajes en sus cabeceras resulta muy instructivo sobre las dificultades de instalarlos de modo que estén sobre buena roca y a salvo de crecidas, proporcionen una línea de descenso segura, pero con interés estético, y tengan un acceso razonablemente fácil, todo a la vez. El estado de los anclajes también nos indica que, casi con certeza, somos los primeros en bajar el Bandia esta temporada, lo que, para mí, es una sensación agradable. La cascada más alta (alrededor de 40m) destaca por su belleza. Con este caudal, es un rápel limpio por una pulida pared vertical que no resbala y con recepción en una poza sin corrientes, contras u otros rasgos especialmente preocupantes. En un día soleado como hoy y a la hora en que lo descendemos es también un “rápel de arco iris”. La luz refractada por el agua nebulizada por la cascada y por tus propias pisadas forma un arco iris que te rodea y acompaña durante la bajada. Cuando llegamos al final “oficial” del barranco, desechamos el vago sendero que encontramos en la orilla derecha, ya que parece conllevar una caminata innecesariamente larga, y optamos por continuar río abajo y buscar alternativas. De este modo, descendemos también un considerable tramo adicional que comenzamos a llamar “Bandia Inferior”. Ciertamente, hay descensos establecidos más cortos. Hacemos unos cuantos rápeles más desde anclajes naturales o desde las instalaciones minimalistas de algunos exploradores anteriores. La orillas aquí son boscosas y el río tiene árboles muertos, arrastrados por los aludes invernales, esparcidos a lo largo del curso y formando presas de troncos aquí y allá. Seguimos lidiando con ellos incluso cuando dejamos el Bandia, puesto que bastantes obstruyen una senda más prometedora que entra en el bosque siguiendo una especie de antigua toma de agua y que nosotros decidimos tomar. La senda resulta como esperábamos, sin embargo, y al rato sale del bosque para unirse a un camino más ancho que podemos ver viene de unas no muy distantes pasarelas de madera sobre el río. Las identificamos como el principio de otro descenso “reconocido”, el Rio Bianco. Teniendo en cuenta el estado en que los aludes han dejado nuestro sendero, pensamos que seguir por el Bandia hasta el puente y el camino cómodo puede ser también una buena opción de salida.
En cualquier caso, ahora solo queda un corto paseo hasta la furgoneta. De nuevo, siento que ha sido un gran día. Puede haber barrancos más “perfectos” o más “divertidos” que este Bandia sin saltos ni toboganes, pero la combinación de descenso, ambiente y una pizca de exploración de hoy ha sido particularmente satisfactoria.

Día V (26-08-2010). Clue du Riolan. Más buen tiempo mientras salimos de nuestra nueva base, un pequeño hotel de carretera justo en la unión de los ríos Var y Vesubée, rumbo al Riolan. Se trata de otro de los clásicos de la región y, al dejar un coche en su final, los vehículos en la zona de aparcamiento muestran que es ciertamente un destino popular. Bastante distinto de ayer. Sin embargo, quizás estemos empezando un poco más tarde o algo más aguas arriba que la mayoría, porque cuando entramos al barranco estamos solos. El descenso resulta interesante casi desde su comienzo. El Riolan entra en un desfiladero profundo y estrecho. Con frecuencia, se pueden tocar ambas paredes de caliza sin extender los brazos. El agua está limpia, pero, por primera vez, un poco turbia. Consecuencia, pienso, del paso previo de otros grupos y del bajo caudal que hemos encontrado. A continuación, encontramos un caos de bloques de buen tamaño y bastante desarrollado, el único que veremos estos días. Durante un rato, nos abrimos camino a través de un laberinto semi-subterráneo de roca y agua. Cuando salimos, el Riolan aún corre entre altas paredes, nunca muy separadas y con frecuencia muy próximas. Es fácil entender porqué este es un barranco tan frecuentado. Además del caos, hay abundantes cascadas no muy altas que caen a pozas limpias y calmadas y que se salvan mediante rápeles, saltos, toboganes o destrepes. Todas son agradables y algunas decididamente bonitas. Incluso las secciones entre ellas suelen ser estrechos interesantes. Con tan poco agua, nada resulta amenazador.
Ciertamente, también hay un tramo medio más ancho y sin rasgos destacables, pero no dura mucho. Lo aprovechamos para comer algo y enseguida el Riolan se encajona de nuevo y podemos disfrutar de más de las mismas atracciones hasta que llegamos al punto donde el barranco se abre definitivamente y al vecino puente donde aguarda nuestro coche. Han sido unas cinco horas de diversión y un descenso que hemos disfrutado.

Día VI (27-08-2010). Clue du Raton. El tiempo es todavía espléndido en nuestro último día mientras, Var arriba, nos adentramos en las montañas hacia la Clue du Raton. Es otro clásico, aunque con algo de mala fama debido a algunos trágicos accidentes. Al parecer, el cañón puede experimentar crecidas relámpago (valle estrecho, pero con considerable cuenca aguas arriba) y todas las fuentes que hemos consultado recomiendan de manera unánime no intentar el descenso si hay cualquier incertidumbre sobre la meteorología. No es el caso hoy. El día es luminoso y la predicción excelente. Tanto las guías como Internet advierten también acerca de los días de sol, pero solo cuando la mencionada cuenca superior tiene nieve (está situada entre estaciones de esquí). Entonces, la fusión de nieve al avanzar el día puede provocar peligrosas subidas de caudal por las tardes. Obviamente, esto no es un problema a estas alturas del año. Paramos a dejar un coche al final del barranco, donde el Raton se une al río Cians, dentro de las “Gorges du Cians”. Las “Gorges” son un impresionante cañón que el Cians ha excavado en la espectacular roca de la zona, pelita roja. A su vez, el Raton ha tallado su propio estrecho en la masa de roca de la orilla derecha del Cians. Las pelitas recuerdan algo a la arenisca, pero en lugar de arena, se componen de materiales mucho más finos como limo, lodo o incluso arcilla. Esto es de relevancia barranquista porque esos granos más finos que las forman hacen que, a diferencia de la arenisca, las pelitas sean bastante resbaladizas (algo que experimentare de manera muy directa más tarde). Las de por aquí son, además, de un llamativo color rojo.
Para alcanzar el principio del descenso, aún tenemos que conducir durante un tiempo, parte por pista de tierra y después caminar un rato. Aunque no estamos tan altos como en el Bandia, estamos de nuevo en las montañas y la sensación de ello es patente. Vemos otro halcón y lo que podría ser una de las pocas águilas perdiceras que quedan en Francia antes de entrar al barranco.
El Raton resulta ser un descenso distintivo. En general está bien excavado y es estrecho, muy estrecho a veces. En algunos sitios, solo podemos avanzar de lado, empujando las mochilas o tirando de ellas, y, aún así, nos atascamos de vez en cuando. Es fácil ver que esto se podría volver peligroso. El curso cambia de dirección bastantes veces y con frecuencia lo hace mediante perfectos giros de 90 º. Esto origina secciones de zigzagueantes y estrechos pasillos inundados tallados en la roca roja. Parece que el agua erosiona las pelitas de este modo característico debido a sus propiedades físicas. Junto con el color rojo, produce un barranco de carácter muy propio. No hay cascadas altas en el Raton. En su lugar, hay muchas. Sus pozas de recepción son casi siempre poco profundas, de modo que saltos y toboganes son opciones de progresión raras y los rápeles abundan. Terminaremos montando más de treinta. Por tanto, nuestras diferentes disposiciones para hoy resultan ser una idea especialmente adecuada. Nos hemos distribuido en tres equipos cada uno de los cuales puede instalar todos los rápeles del descenso. Quienquiera que llega primero a una cabecera monta las cuerdas, espera a que bajen los demás y entonces continúa. En un barranco como el Raton, esto ahorra tiempo y mantiene a todo el mundo involucrado.
Estos procedimientos y el particular carácter del Raton se aúnan para producir otro día de barranquismo muy interesante y satisfactorio, un colofón muy apropiado para estos días. Una vez recuperado el segundo vehículo, Dani sale de vuelta a casa. Es el principio del fin del viaje.

Día VII (28-08-2010). Día de retorno. Aunque hoy ya no importa tanto, el tiempo se mantiene y es también estupendo. Nos despedimos de Occitania y marchamos a Bergamo. Allí, Pilar, Alicia y yo decimos adiós a Santi y Annabella y cogemos el avión de vuelta a Madrid mientras ellos continúan hacia su valle de los Dolomitas. Ha sido un gran viaje y un completo éxito. Hemos hecho todo lo que queríamos y más. Han sido seis días de tiempo perfecto, precioso paisaje, buena comida, cervezas frías, ocho descensos (casi nueve, si contamos el “Bandia Inferior”) y montones de buenos momentos, dentro y fuera de los barrancos. Además de la calidad de los cañones, hemos disfrutado especialmente con su diversidad. Cada uno ha sido diferente al resto. Supongo que esto, junto con pasarlo tan bien, ha contribuido a que esta semana haya volado tan deprisa.
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